Hace un par de semanas, la conferencia organizada en Fráncfort por el Banco Central Europeo (BCE), para debatir sobre los retos de comunicación de la política monetaria, permitía obtener una instantánea de Mark Carney, Mario Draghi, Haruhiko Koruda y Janet Yellen, los presidentes de los cuatro principales bancos centrales, cuyas caras son bien reconocibles tras protagonizar las portadas de los medios durante la larga crisis. La foto será difícil de repetir con los mismos protagonistas, teniendo en cuenta que la carrera de relevos ya se ha puesto en marcha.

En Estados Unidos, se ha sometido ya a votación en el Senado la nominación de Jerome Powell como sustituto de Yellen. La decisión de Donald Trump de reemplazarla rompe con la tradición de renovar por un segundo mandato al responsable de la Fed, incluso en aquellos casos en que hubieran sido designados por el presidente de otro partido político. Esto es lo que sucedió con sus tres inmediatos predecesores, cuando la decisión presidencial dio prioridad a la continuidad y la predictibilidad. Ni las sólidas credenciales académicas, ni la gestión colegiada y bien articulada de la política monetaria, ni los evidentes logros en términos económicos durante su mandato, aconsejaban la sustitución de Yellen. Su salida ha generado cierto nerviosismo, al que también ha contribuido la salida anticipada de dos pesos pesados del consejo de la Fed, como el vicepresidente y el presidente de la institución en Nueva York, y el elevado número de vacantes preexistentes.

En definitiva, una combinación de circunstancias que suscitan dudas sobre si la nueva composición puede tener implicaciones sobre gestión de la política monetaria, e incluso sobre su propia independencia. En el más corto plazo, se puede decir que la política monetaria está en piloto casi automático. Los salientes se han encargado de diseñar y comunicar de manera cristalina al mercado el camino hacia la normalización monetaria. Y las recientes nominaciones se interpretan como una apuesta por la continuidad, tanto la de Powell para relevar a Yellen, una persona «de la casa» y con una visión muy alineada con la de la presidenta saliente; como la del profesor Marvin Goodfriend, experto en asuntos monetarios y garantía de rigor profesional, aunque con algún sesgo más ortodoxo (alcista).

La renovación también afectará en el futuro próximo a otras jurisdicciones. Japón deberá decidir sobre la renovación de Kuroda antes de primavera. Y en Europa, la finalización del mandato del vicepresidente a mediados del año que viene marcará el pistoletazo de salida de un debate en el que desafortunadamente los equilibrios geográficos seguirán pesando más que otras consideraciones.

Confiemos en que los nuevos gobernadores ocupen menos portadas que sus antecesores; sería una señal de normalización y de que no necesitamos superhéroes para garantizar la estabilidad.

Sonsoles Castillo es economista de BBVA Research.

Fuente: El País