Puede sonar a un lugar común, pero hace 20 años el concepto “internet de las cosas” (IoT, por sus siglas en inglés) ni siquiera existía. En esta historia, el primer órdago lo lanzó Kevin Asthon, cofundador del Auto-ID Center en el MIT, en una conferencia en 1999. “Si los termostatos, neveras, lámparas, botiquines o las partes de los vehículos estuvieran conectados y equipados con dispositivos de identificación, no existirían, en teoría, artículos fuera de estocaje o medicinas caducadas. Sabríamos exactamente la ubicación de los objetos y cómo se consumen en el mundo, qué está encendido y qué está apagado en todo momento”, dijo en aquella ocasión.

Sus palabras marcaron el inicio de una era: “El IoT tiene el potencial de cambiar el mundo, como lo hizo internet en su momento. Tal vez aún más”. Así, lento y silencioso, ha avanzado esta tecnología a través de nuestras vidas. La usamos en medidores de energía (con los que se monitoriza el consumo en tiempo real), en la ropa (donde se mide la temperatura y el ritmo cardíaco) y en el campo (a través de drones que ayudan a evitar la expansión de incendios). Actualmente, hay más de 7.000 millones de aparatos enchufados a la web y se espera que la cifra llegue a más de 21.500 millones en 2025, según Iot Analytics. “Dentro de una década, casi el 90% de las cosas con las que interactuemos estarán conectadas”, pronostica Martín Parilla, especialista en IoT en Telefónica Empresas.

Fuente: El País