El ascensor social en España necesita reparaciones urgentes, sobre todo en materia de educación y contra el paro de larga duración. Aun así, y pese a que la percepción de los españoles es bastante pesimista respecto de sus posibilidades de mejorar a lo largo de la vida, la movilidad social de España no es de las peores de Europa. Al menos no está tan estrechamente vinculada a las condiciones familiares como en otros países. Según un estudio de la OCDE, en España puede llevar hasta cuatro generaciones que los niños de familias pobres alcancen un nivel de ingresos medios. Es un ascensor social bastante más lento que el de países como Dinamarca y Noruega, donde solo se tardan dos generaciones, pero algo mejor que la media de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico —entre cuatro y cinco—. E, incluso, más rápido que en Francia o Alemania, donde pueden llegar a pasar hasta seis generaciones antes de lograrse esta meta.
Los factores que más ralentizan el ascensor social español son la calidad de la educación y el paro, según el estudio “¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social” publicado este viernes por la OCDE y que incluye análisis concretos por países. “Pese a mejoras en los últimos años, España sigue teniendo la mayor incidencia de abandono escolar temprano en la UE (19,9% en 2015) y las habilidades son bajas, particularmente entre los jóvenes”, señala el capítulo dedicado a este país. No sorprende que la calidad de la educación afecte sobre todo a la movilidad social de las familias menos favorecidas: el 69% de los hijos con padres con educación elevada también completarán estudios superiores en España, pero solo el 22% de los hijos de padres con pocos estudios lo conseguirán. Mientras, el 56% de los hijos de padres con bajo nivel educativo tendrá también un bajo nivel educativo, frente al 42% de media en la OCDE.
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El organismo también señala que las posibilidades de lograr movilidad a nivel de ingresos a lo largo de la vida también son “limitadas” e España, especialmente en los extremos más altos y bajos de la escala. Es lo que la OCDE denomina un “suelo pegajoso” que impide el despegue social, y que según el organismo se ha vuelto “más pegajoso aún” en España desde la década de los 90.
Según la OCDE, aquellos que están en el quintil más bajo de la escala de ingresos “tienen pocas posibilidades de escalar en un periodo de cuatro años. Es más, el 64% de ellos se quedarán “estancados” en lo más bajo, frente al 57% de media de la OCDE.
Una “falta de movilidad” en lo más bajo de la escala que, según la OCDE, se explica en parte por el “alto nivel de desempleo de largo plazo”. Para el organismo, “personas desempleadas que consiguen un trabajo también tienen menos posibilidades de subir en la escala de ingresos, en parte porque parte de ellos acaban con contratos de corto plazo”.
La falta de movilidad salarial se da también se da en lo más alto de la escala, muestra de la inequidad en el país: el 72% de las personas con los ingresos más altos permanecen en este nivel durante un periodo de cuatro años, frente al 68% de media en la OCDE.
La movilidad social, clave para la cohesión social
Aunque los datos estadísticos sitúan a España en la media de los países de su región, la percepción social es más negativa. En España, la idea de que tener padres con una mejor educación e ingresos es un factor importante para progresar en la vida es mucho mayor (53%) que la media en la OCDE (37%). También el pesimismo es alto cuando se trata de las posibilidades de mejorar la situación financiera: solo el 25% de los españoles dijeron creer que su situación financiera iba a mejorar en 2015.
¿Y por qué importan todos estos datos? Porque saber si una generación vive mejor o peor de lo que lo hicieron sus padres no es solo una percepción o una curiosidad. También es un factor económico clave, según subraya la OCDE. La movilidad social influye en la productividad económica de un país y en la calidad de vida de sus ciudadanos. Y también tiene fuertes implicaciones políticas: un alto riesgo de caer en la escala de la movilidad y la pérdida de estatus social que ello conlleva no solo reduce la satisfacción personal, sino también “mina la cohesión social y la sensación de la gente de que su voz cuenta, especialmente entre personas de ingresos medios y bajos”. Ello a su vez “reduce la confianza en el sistema sociopolítico, con potenciales consecuencias negativas en la participación democrática”. Y esto, advierte el organismo con sede en París, “refuerza los extremismos políticos o el populismo”.
¿Y cómo se acelera el ascensor social? No hay recetas milagrosas, pero sí algunas pistas. Según la OCDE, España debería reforzar el apoyo a los desempleados mejorando las herramientas de los servicios públicos regionales de empleo y coordinándose mejor con los servicios sociales. También es importante combatir el abandono escolar “mejorando la calidad de la enseñanza e incrementando la eficacia del gasto regional” en esta materia. Finalmente, señala el informe, hay que afrontar la alta pobreza infantil “mejorando el acceso de sus padres a empleos de calidad y garantizando que tienen acceso a servicios” destinados a esta población vulnerable.
Fuente: El País