
Nissan Motor Company celebra hoy el consejo de administración que puede terminar con dos décadas de poder de Carlos Ghosn al frente de la multinacional, a la que sacó de pérdidas en los años 90. El consejo de la nipona se reúne a partir de las cuatro de la tarde (12 de la mañana hora española) tras la detención del ejecutivo, que ha sido acusado de conspirar para ocultar la mitad de la retribución de Ghosn.
Los medios japoneses prevén que Ghosn sea destituido, teniendo en cuenta el equilibrio de poderes en el consejo. Los ejecutivos de Nissan tienen cinco asientos de nueve, representantes de Renault (que asistirán a la reunión por videoconferencia), dos y otros dos están en manos de independientes. Dado que Ghons está detenido, y el director Greg Kelly, también (por los mismos motivos), basta una mayoría en el resto del consejo (siete miembros) para sacar al brasileño de la presidencia.
Renault, que tiene un 43% del capital de Nissan (con derechos de voto), no ha expulsado aún a Ghosn como consejero delegado y presidente, pero Mitsubishi, tercera pata de la alianza, prevé sacarle del consejo la próxima semana. La alianza a tres bandas está en el aire, y en este contexto los ministros de industria de los dos países prevén reunirse la próxima semana para estabilizar la situación.
Ghosn fue el artífice de la alianza, en 1999 y que en 2016 incorporó a Mitsubishi Motors, y el principal valedor de una mayor integración, incluyendo la posbilidad de una fusión. Este escenario era el preferido por parte del Estado francés, accionista de control de Reanult con un 15%. No obstante, desde la firma japonesa se veía esta opción con recelo.
Nissan comentó el lunes que las investigaciones internas sobre Ghosn comenzaron a raíz de un chivatazo sobre uso indebido de los fondos de la empresa. Tras ser arrestado, Ghosn ha sido trasladado a una prisión en Tokio. La prensa nipona está estos días detallando las malas práctica de Ghons, incluyendo el hecho de que una hermana suya vivía a costa de la empresa en un lujoso apartamento en Rio de Janerio, o las instrucciones recibidas por Greg Kelly para ocultar pagos.
Fuente: Cinco Días