
Los accionistas de la cadena de supermercados Dia dieron este miércoles su apoyo al fondo LetterOne, propiedad del empresario ruso Mijaíl Fridman, en la batalla por el control de la empresa con el actual consejo de administración. La escasa asistencia a la junta de accionistas, apenas un 54,3%, sirvió en bandeja a Letterone el respaldo a sus propuestas, merced a ser titular del 29% de las acciones. Al tiempo, su voto rechazó los planes del consejo, que queda en una situación delicada.
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La junta de accionistas, que se preveía crucial, tuvo finalmente menos emoción de la que prometía. Al no concurrir ni el 60% de los accionistas, el voto de Letterone bastaba para aprobar o rechazar cualquier punto del orden del día y quedaba claro que el plan del consejo para sacar rescatar la empresa –ampliación de capital por 600 millones y plan de rescate- no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
Así fue. Terminado el turno de preguntas, el secretario, Ramiro Rivera, leía que los accionistas habían dado su apoyo al punto 6.3 del orden del día, en el que se contenía la ampliación de capital de Letterone, por 500 millones y condicionada al éxito de la opa presentada en febrero a 0,67 euros por acción y a lograr un acuerdo con los bancos sobre la deuda del grupo de distribución. Al tiempo, se rechazó el punto 6.1, el de la ampliación del consejo por 600 millones. De nada sirvió la intervención del consejero delegado, Borja de la Cierva, centrada en explicar la crisis de la empresa –“los últimos 12 meses han sido el periodo más difícil y convulso de la compañía desde su fundación”, dijo- y en defender su plan para sacar a la empresa del atolladero.
Tras la junta, L1 Retail, la división minorista de Letterone, emitió una nota en la que mostraba su “satisfacción” por el resultado de la junta y anunciaba su disposición a “trabajar con rapidez” para que la opa sea autorizada por la CNMV. Al tiempo, anunció que trabajaría con el consejo para garantizar el éxito de la opa y “la viabilidad a largo plazo” de Dia y que seguirá buscando un acuerdo con los bancos acreedores para lograr “una estructura de capital viable a largo plazo”, es decir, sobre las deudas de la compañía.
¿Quién llevará las riendas?
Los accionistas de Dia estaban llamados a decidir este miércoles en manos de quién dejan el futuro de una cadena que, pese a estar en situación de quiebra técnica tras varios años de crisis, tiene más de 7.000 tiendas y 40.000 empleados en España, Portugal, Argentina y Brasil. Con su voto, dirimirán si mantienen su confianza en el actual consejo de administración y en sus planes para reflotar la empresa o si se la entregan al máximo accionista, el fondo luxemburgués Letterone del magnate ruso Mijail Fridman, que tiene su propia hoja de ruta.
Fridman ya partía como favorito, aunque solo sea por el peso de su participación del 29%. El fondo Letterone tenía mejores cartas en la junta. El consejo solo cuenta con el apoyo de un inversor portugués con un 2%; Goldman Sachs (4,38%) había anunciado que no acudirá. Y un 60% de las acciones está en manos de minoritarios (free float).
Ahora que Fridman ha impuesto su visión, se abren nuevos interrogantes. El consejo quedará desacreditado, pero ayer fuentes cercanas descartaron dimisiones: alguien tiene que mantener las riendas y gestionar la situación de liquidación de la empresa hasta un hipotético relevo. La banca podría reclamar su deuda, el fondo podría tapar el agujero con un préstamo.
Los planes del fondo ruso
Letterone se presentaba a la junta con un proyecto de ampliación de capital, sin reducción previa, por 500 millones, asegurado por Goldman Sachs o por sus propios fondos. Casi 200 millones de la ampliación y lo que se saque por Clarel irían destinados a un plan de reflote a cinco años —de nuevo, basado en frescos, marca blanca y reforma de tiendas—. Pero este plan tiene dos condiciones previas que aún no se han dado y que no tienen fecha. En primer lugar, el éxito de una opa presentada en febrero a 0,67 euros por acción condicionada a su vez a ser aceptada por la mitad del 71% de la empresa que no controla. En segundo lugar, un acuerdo con los bancos, a los que la cadena adeuda más de 900 millones.
Letterone no está dispuesto a meter dinero en Dia hasta que no se haga con el control total de la empresa, es decir, hasta que logre su opa, que aún no ha sido siquiera autorizada por la CNMV. Fridman vende a los accionistas que les asegura cobrar esos 0,67 euros por acción, pero muchos compraron muy por encima y, además de perder dinero, no participarían en un eventual futuro exitoso de la cadena.
En el otro lado, estaba el plan del consejo, que se queda en un cajón. Y eso que esta semana el consejo sacó a relucir que son los únicos que cuentan con el respaldo de los bancos acreedores. Este mismo lunes anunció un acuerdo para prorrogar hasta 2023 el vencimiento de un préstamo sindicado de 912 millones. Eso sí, el acuerdo estaba condicionado, entre otras cosas, a que saliera adelante este viernes su plan. No lo ha logrado. Y queda en papel mojado.
Fuente: El País