«En el año 2012, el equipo de Bankia era una amalgama de siete cajas diferentes. Sin referencias ni culturas comunes, con un evidente desenfoque de gestión, y estaba sometido a una presión mediática y social sin precedentes», ha explicado José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, durante su comparecencia en la comisión de investigación de la crisis financiera en el Congreso de los Diputados.

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El Ejecutivo bancario ha repasado los obstáculos a los que se enfrentó desde que en mayo de 2012, en lo más profundo de la Gran Recesión, tomó las riendas de la entidad financiera, que prácticamente estaba quebrada. Entre esas dificultades, ha deslizado, estaba el rescate financiero que el Gobierno de Mariano Rajoy solicitó a las autoridades europeas por 100.000 millones justo un mes después de que él desembarcara en Bankia. Esto trastocó sus planes de saneamiento para el grupo financiero. Le cambió el paso y obligó al grupo a desarrollar un plan de reestructuración cuajado de requisitos y limitaciones impuestos por Bruselas que complicaron su gestión, según ha repasado en el Congreso.

Goirigolzarri ha contado cómo justo antes del rescate de España tenía elaborado el plan de saneamiento y capitalización que le había reclamado el Banco de España. «Remitimos el plan el 11 de junio de 2012 con un requerimiento de necesidades de capital para el grupo BFA de 19.000 millones (de los cuales 12.000 millones iban destinados a Bankia y el resto eran destinados a sanear la matriz)». El plan pasaba porque el FROB —el fondo público de rescate para las entidades en problemas— inyectara ese dinero y se ejecutara el plan de saneamiento, que incluía una estricta dieta del grupo.

«Nuestro plan nunca se puso en práctica»

«Pero nada de eso ocurrió», ha enfatizado Goirigolzarri. Tras el rescate, ha agregado, «nuestro plan de recapitalización, el famoso plan de los 19.000 millones nunca se materializó. Han pasado seis años de esto y que sigan hablando de los 19.000 millones de Goirigolzarri, pero este plan, estará tal vez archivado en algún sitio, pero nunca fue puesto en práctica».

Además, ha explicado que la cantidad que recibió la entidad finalmente fue de 17.959 millones de euros, que guarda cierta similitud con los 19.000 millones reclamados inicialmente por Goirigolzarri y su equipo para sanear la entidad. «Pero como han comprobado, su cálculo nada tiene que ver con el análisis que nosotros realizamos», ha explicado el primer ejecutivo de Bankia.

Además, el dinero que se inyectó definitivamente en Bankia no coincidía tampoco con los 24.743 millones de necesidades de capital calculados por la consultora Oliver Wyman bajo la supervisión de la Comisión Europea, el BCE, la EBA y el FMI.

En contra de las pérdidas de las preferentes

Goirigolzarri también ha detallado todos los requisitos y limitaciones a los que se ha enfrentado durante su gestión de la entidad. Unas condiciones impuestas por la Comisión Europea como consecuencia del rescate financiero a España. Ha justificado que debido a esos requisitos tuvo que cerrar más de 1.000 oficinas (una de cada tres), despedir a casi 7.000 trabajadores (tuvo que reducir la plantilla de 20.400 personas a 13.600), realizar desinversiones por 61.300 millones, y tuvo que cumplir los límites que le prohibían realizar alguna operación corporativa, realizar determinadas operaciones como financiación a promotores o algunas de mercados de capitales, o incluso hacer publicidad sobre el hecho de que Bankia fuera un banco público.

Además, se obligó a los preferentistas a asumir pérdidas tras la conversión de los instrumntos híbridos en capital, con un fuerte descuento. «Comenté publicamente que no estaba de acuerdo con el descuento que se hacía a los preferentistas, ni con el número de oficinas a cerrar, pero que la aternativa era que no se inyectase capital, lo que era mucho peor y, por tanto, que pasaba a ser nuestro plan». Así, que en paralelo al plan de reestructuración 2012-2017 obligadio tras el rescate Bankia presentó un plan estratégico 2012-2015. «Tras recibir las ayudas públicas, Bankia se convirtió en una entidad solvente y lo que nosotros teníamos que hacer era convertirla en una entidad sostenible», ha señalado.

Fuente: El País