La paz nuclear entre las grandes compañías eléctricas ha durado apenas unas horas. Después de que Endesa firmara esta mañana en la sede de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) el protocolo para el cierre ordenado del parque nuclear, que ya rubricaron la semana pasada Iberdrola y Naturgy, se ha celebrado una asamblea de socios de Almaraz en la que los tres socios han terminado tarifando. Era de esperar que la reunión, convocada para acordar la petición de prórroga de explotación de la central cacereña, transcurriese plácidamente, al fin y al cabo, todas se habían comprometido por escrito a respetar el calendario de cierre, en el que figuran en primer lugar los dos reactores de Almaraz, en los años 2027 y 2028, respectivamente.

La asamblea ha terminado en desacuerdo y con la convocatoria de una nueva reunión el próximo día 19 para tratar de un asunto de suma urgencia, ya que el plazo para solicitar la renovación de explotación del primer grupo de Almaraz termina el próximo 31 de marzo (un año antes de que expire la licencia).

Fuentes próximas al bloque Iberdrola-Naturgy aseguran que Endesa se ha negado a firmar el acuerdo de solicitud de prórroga, en el que ambas proponían poner como condición para explotar la planta hasta 2027, el año límite que fija el protocolo para Almaraz, que no se les obligue a realizar inversiones extraordinarias, más allá de las habituales que viene imponiendo el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Endesa reconoce que no ha firmado porque se trata de una clásula que sus competidores y socios quieren añadir para esta central nuclear (sobre las demás, ya se vería) y que no figura en el acuerdo sellado con Enresa y la tutela del Ministerio para la Transición Ecológica. Endesa insiste en que se ha comprometido a cerrar Almaraz dentro de siete años (a partir de 2020) y a ello se atiene. Además, niega que pretenda ampliar su vida hasta los 10 años, como critican sus socios. 

La condición que pretenden Iberdrola y Naturgy dejaría abierto un protocolo que se supone blindado  hasta 2035, pues las condiciones que pueda imponer el CSN solo está en manos del organismo que vela por la seguridad del parque. Según dicho protocolo, las nucleares cerrarán con una vida media de 46 años (Endesa aspiraba a que funcionasen hasta los 50 años y las otras dos eléctricas hasta los 40 años), un plazo que se considera la vida efectiva de las instalaciones pues, a los 40 años de vida de diseño (a partir de la cual se exigirían inversiones adicionales,) se le ha añadido el tiempo de las paradas programadas e involuntarias que han registrado las centrales en todos estos años. 

Por razones de plazos de amortización contable (Endesa lo hace a 50 años mientras Iberdrola y Naturgy, a 40) la primera deberá aumentar sus dotaciones en unos 60 millones anuales y las otras dos se beneficiarán de menores provisiones al ajustar dichas amortizaciones al nuevo calendario. Sin emabargo, esta no parece ser la razón última de la disputa. Endesa, que va a cerrar también sus grandes centrales de carbón y tiene un mix menos equilibrado, no quiere añadir nueva incertidumbre a la fecha de cierre de su parque atómico. Por su parte, Iberdrola y Naturgy, quieren dejar atado que no realizarán inversiones adicionales.

Sea como fuere, el futuro de Almaraz sigue en el aire, y sus titulares, que están obligados a tomar cualquier decisión por unanimidad, intentarán un nuevo acuerdo en una nueva asamblea convocada para el día 19. A apenas 12 días de que concluye el fin del plazo para solicitar la renovación de la licencia. De incumplirlo, las empresas se enfrentan a una fuerte sanción. 

Fuente: Cinco Días