Hace unos días un conocido banquero hizo una reflexión. “Ya no queda casi nadie de mi época. En muy pocos años han cambiado las cúpulas de prácticamente todas las entidades financieras que han sobrevivido a la crisis financiera. Ha sido como si pasara un tsunami que se ha llevado por delante a los banqueros precrisis”.

En la actualidad solo tres presidentes de las actuales entidades financieras vivieron la crisis financiera, o parte de ella, en puestos destacados en la banca. José Ignacio Goirigolzarri, actual presidente de Bankia, es uno de ellos. Este veterano banquero, que el pasado 4 de febrero cumplió los 66 años de edad, dejó BBVA en octubre de 2009. Se prejubiló. Llevaba ocho años como consejero delegado, aunque en el banco llevaba muchos más, había ingresado en el ya desaparecido Banco Bilbao en 1977.

El 9 de mayo de 2012 fue elegido presidente de Bankia y del BFA para sustituir a Rodrigo Rato, una vez que la entidad fue rescatada por el Estado tras inyectarla más de 25.000 millones de euros si se incluye BMN (absorbida en 2018).

El objetivo de Goirigolzarri cuando decidió asumir la presidencia de Bankia era lograr que se privatizase en tres años y abandonar la entidad. Pero no ha podido ser, y Goirigolzarri se mantiene al frente de Bankia, como mínimo hasta 2021, fecha en la que el Gobierno revisará si vuelve a prorrogar su control ante la previsible falta de interés del mercado por hacerse con la entidad a un precio superior al de su baja cotización actual.

Otro de los supervivientes a la crisis es Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell. Oliu cumplirá 71 años de edad el próximo 25 de abril. Es el segundo banquero más veterano del mapa financiero español en estos momentos.

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Oliu siempre bromeaba en las ruedas de prensa cuando se le preguntaba por su sucesión. “Yo me iré a la edad de Francisco González, a los 75 años”. Y en ello está. El presidente del quinto banco español comentó en la última rueda de prensa en Madrid que seguirá en la entidad hasta como mínimo el final del mandato aprobado por el consejo y los accionistas, y que finaliza en tres años, es decir, podrá quedarse hasta la junta de accionistas que se celebrará en 2023, aunque corresponde al ejercicio de 2022. Entonces habrá cumplido los 74 años de edad.

El mercado y los supervisores son más partidarios de que los principales ejecutivos de una entidad dejen sus cargos tras finalizar el plan estratégico, no a mitad de él. Por ello, tampoco sería extraño que Oliu adelantase ligeramente su salida, y abandonara Banco Sabadell tras la junta de 2021, una vez finalizado el actual plan estratégico 2018-2020. Aunque no existe un impedimento para que pueda seguir como presidente. En círculos financieros también se especula por que Oliu se quede en el banco hasta 2023, pero que inicie el plan estratégico abandonando por completo sus ya limitadas funciones ejecutivas, como reclama el BCE. De esta forma, el primer ejecutivo sería Jaime Guardiola. Sea como sea, el cargo de Oliu sufrirá cambios.

A Bankinter puede que se le haya torcido el año. Es el banco, tras WiZink, más expuestos a las tarjetas revolving

Otro presidente que está en un caso similar al de Oliu es Manuel Azuaga Moreno, presidente de Unicaja. Este malagueño, con más de 40 años vinculado al sector financiero, nació en 1947, lo que le convierte en el banquero más veterano. Azuaga que también vio limitadas sus funciones ejecutivas por el BCE el pasado año, tiene previsto dejar su cargo en 2022 como muy tarde, una vez que finalice el plan estratégico de Unicaja.

En BBVA también se esperan cambios el próximo año. Pero no en su cúpula, sino en su consejo. Se prevé un vuelto en su consejo con la salida de miembros que estuvieron en estos puestos con Francisco González. Se aprovechará para sus salidas sus renovaciones.

La crisis financiera fue el detonante de los cambios, pero el avance de la digitalización ha dado la vuelta a la imagen (que no reputación) y operativa de la banca. La banca tradicional cambia y sus banqueros también.

Pero a la espera de la renovación de las cúpulas de estos bancos, el sector y el mercado comienzan a tomar conciencia de lo que puede suponer las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre el IRPH y la del Tribunal Supremo sobre los tipos de interés que aplican las tarjetas revolving.

Sobre esta última sentencia, las entidades financieras son cada vez están más convencidas de que sufrirán un aluvión de demandas. WiZink era consciente de ello, tiene abiertas más de 2.500 demandas, y el fallo del Supremo iba dirigida directamente al corazón de este banco cuyo principal negocio son las tarjetas. Pero la sentencia afecta a todas las entidades, y en especial a CaixaBank y a Bankinter. Barclays destaca en un informe a Bankinter como el banco más expuesto a un desenlace negativo de la sentencia, con una posible caída de sus ingresos del 5,6%, superior al descenso del 2,7% que registraría Sabadell y al 2,6% de CaixaBank.

Cuenta con 670 millones de euros en préstamos con tarjetas revolving, el 1,1% del total de su cartera de crédito. Los analistas recuerdan que este banco tiene previsto sacar a Bolsa su filial de seguros Línea Directa al considerar que era un buen momento para hacerlo. Ahora parece que las cosas han cambiado. El coronavirus ha trastocado varios planes. Además, la desconsolidación de la aseguradora le restaría inicialmente al banco alrededor de un 18% de sus beneficios, que intenta compensar con otras patas del negocio bancario.

Sin pensarlo, a Bankinter puede que se le haya torcido sus planes. El banco que dirige María Dolores Dancausa es la entidad más rentable de la banca española cotizada. Es cierto que la sentencia de las hipotecas referenciadas al IRPH no le afecta.

A CaixaBank le afectan las dos, como a Banco Sabadell y Bankia, pero están convencidos de que el fallo sobre el IRPH apenas tendrá efecto sobre sus cuentas.

El pánico al coronavirus por las caídas de sus cotizaciones sí les quita el sueño, como al resto de los sectores empresariales. Pero de nada sirve aplicar el refrán, mal de muchos consuelo de tontos. Gran parte de los planes para este año de estas firmas se han desplomado, y sus cotizaciones en varios casos están casi en mínimos históricos. La capitalización conjunta de Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Bankinter y Sabadell sumaban el viernes 103.294 millones. En enero de 2010 solo la capitalización bursátil de Santander rozaba los 100.000 millones

Fuente: Cinco Días