
La junta de accionistas de Dia se celebra finalmente con menos emoción de lo que prometía. La concurrencia de apenas un 53% de accionistas, presentes o representados, dejó claro desde el principio que los planes del consejo de administración para rescatar la empresa —ampliación de capital por 600 millones para restablecer el equilibrio patrimonial y acto seguido el plan de reflote de la cadena de supermercados— no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
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El 29% de acciones en manos de Letterone, el fondo del magnate ruso Mijaíl Fridman, eran suficientes para tumbar el plan del equipo del consejero delegado, Borja de la Cierva, y sacar adelante los planes propios: una ampliación de 500 millones condicionada a una opa por el 71% de las acciones que todavía no posee y a un acuerdo con los bancos acreedores.
Apenas había terminado la intervención inicial del consejero delegado, centrada en explicar las dificultades que atraviesa la empresa —“los últimos 12 meses han sido el periodo más difícil y convulso de la compañía desde su fundación”, ha dicho— y en defender el plan diseñado por el consejo para sacar a la empresa del atolladero, el secretario del consejo, Ramiro Rivera, leía el quórum definitivo de accionistas presentes o representados en la junta: 54,3092%, menos del habitual 60%, pero suficientes para que Letterone imponga sus propuestas, habida cuenta de que los puntos del orden del día se aprueban o rechazan con la mitad más uno de los accionistas presentes o representados.
Los accionistas de Dia estaban llamados a decidir este miércoles en manos de quién dejan el futuro de una cadena que, pese a estar en situación de quiebra técnica tras varios años de crisis, tiene más de 7.000 tiendas y 40.000 empleados en España, Portugal, Argentina y Brasil. Con su voto, dirimirán si mantienen su confianza en el actual consejo de administración y en sus planes para reflotar la empresa o si se la entregan al máximo accionista, el fondo luxemburgués Letterone del magnate ruso Mijail Fridman, que tiene su propia hoja de ruta.
¿Quién llevará las riendas?
Fridman ya partía como favorito, aunque solo sea por el peso de su participación del 29%. El fondo Letterone tenía mejores cartas en la junta. El consejo solo cuenta con el apoyo de un inversor portugués con un 2%; Goldman Sachs (4,38%) había anunciado que no acudirá. Y un 60% de las acciones está en manos de minoritarios (free float).
Si Fridman finalmente impone su visión, se abren nuevos interrogantes. El consejo quedará desacreditado, pero ayer fuentes cercanas descartaron dimisiones: alguien tiene que mantener las riendas y gestionar la situación de liquidación de la empresa hasta un hipotético relevo. La banca podría reclamar su deuda, el fondo podría tapar el agujero con un préstamo.
Los planes del fondo ruso
Letterone se presentaba a la junta con un proyecto de ampliación de capital, sin reducción previa, por 500 millones, asegurado por Goldman Sachs o por sus propios fondos. Casi 200 millones de la ampliación y lo que se saque por Clarel irían destinados a un plan de reflote a cinco años —de nuevo, basado en frescos, marca blanca y reforma de tiendas—. Pero este plan tiene dos condiciones previas que aún no se han dado y que no tienen fecha. En primer lugar, el éxito de una opa presentada en febrero a 0,67 euros por acción condicionada a su vez a ser aceptada por la mitad del 71% de la empresa que no controla. En segundo lugar, un acuerdo con los bancos, a los que la cadena adeuda más de 900 millones.
Letterone no está dispuesto a meter dinero en Dia hasta que no se haga con el control total de la empresa, es decir, hasta que logre su opa, que aún no ha sido siquiera autorizada por la CNMV. Fridman vende a los accionistas que les asegura cobrar esos 0,67 euros por acción, pero muchos compraron muy por encima y, además de perder dinero, no participarían en un eventual futuro exitoso de la cadena.
En el otro lado, estaba el plan del consejo, ya con pocos o ningún viso de salir adelante. Y eso que esta semana el consejo sacó a relucir que son los únicos que cuentan con el respaldo de los bancos acreedores. Este mismo lunes anunció un acuerdo para prorrogar hasta 2023 el vencimiento de un préstamo sindicado de 912 millones. Eso sí, el acuerdo está condicionado, entre otras cosas, a que salga adelante este viernes su plan. Así que es probable que quede en papel mojado.
Fuente: El País