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El empresario Pedro Queiroz Pereira, la séptima fortuna de Portugal, ha muerto este sábado en aguas de Ibiza después de sufrir un infarto en su yate. Según fuentes policiales, que han abierto una investigación, el empresario, de 69 años de edad, sufrió un ataque de corazón y después se cayó por las escalerillas de la embarcación.

La fortuna de Queiroz Pereira estaba evaluada en cerca de 800 millones de euros. Él y su familia eran los accionistas mayoritarios de la cementera Secil y del fabricante de pasta de papel y del papel Navigator, entre otros muchos negocios. Aficionado a los coches (corrió en Fórmula 2), era discreto en su vida pública, y apenas realizaba declaraciones periodísticas, aunque cuando las hacía provocaba el escándalo.

Durante muchos años sus intereses y los de la familia Espírito Santo marcharon juntos, hasta que a comienzos de siglo rompieron por una operación empresarial. Según PQP, los Espírito Santo intentaron hacerse con el control de su grupo Semapa a través de su hermana. A partir de ahí, Queiroz Pereira se convirtió en uno de los principales denunciantes de las prácticas de los Espírito Santo.

En su comparecencia en la Asamblea de la República para hablar sobre la bancarrota del banco Espírito Santo, Queiroz Pereira desveló algunas de las prácticas habituales del banco, aunque criticó también a los reguladores. Es célebre su frase: «Aquello era un castillo de naipes con los reguladores poniendo cara de póker».

Hace cuatro años se quedó viudo. Su imperio patrimonial queda ahora en manos de sus tres hijas, Mafalda, Lua y Filipa, tal como había quedado previsto testamentariamente hace un año, cuando Pedro Queiroz Pereira se apartó de la primera línea ejecutiva del grupo.

Fuente: El País